La fundación de Asimov: mirada a un pasado futuro. Colaboración de Daniel López Navas.

En 1951 el bioquímico y escritor Isaac Asimov publicaba el libro “La Fundación”, inicio de una saga que es reconocida por algunos como la mejor historia de ciencia ficción jamás escrita.


En esta novela se nos cuenta la historia de una galaxia gobernada por un poderoso imperio que tras milenios de dominio y esplendor comienza a resquebrajarse y a olvidar. En este contexto un prodigioso psicohistoridor (doctrina científica inventada en la novela) traza un meticuloso plan para restaurar el imperio en un periodo de mil años mediante dos fundaciones de científicos, cada una en un extremo de la galaxia


Tras la introducción a esta gran saga, me adentro en el tema central del artículo: el futuro en 1951. Sí, el futuro pasado. A continuación pasaré a hacer un breve análisis de cómo se imaginó el futuro Isaac Asimov, dónde acertó y dónde falló. Me gustaría aclarar que, como gran fan de la ciencia ficción, en ningún momento se pone en tela de juicio el trabajo imaginativo de Isaac.

Energía atómica.

Como ya se ha explicado la novela pertenece al género de la ciencia ficción y trascurre en nuestra galaxia, miles de años

en el futuro. Ante tal panorama Isaac llevó a cabo un proceso imaginativo de enorme magnitud, en el cual creó desde cero una completa sociedad espacial, con sus costumbres, su organización y su tecnología. Un buen punto para empezar sería la relevancia de la energía atómica en la novela. Como ya sabrán los años 50 fueron en Estados Unidos unos años en los cuales las posibilidades de la energía atómica se veían sumamente prodigiosos. La sociedad americana quedó prendada, y gran parte de sus estética y ficción durante esta década tuvieron como referencia la energía atómica. De esta manera nos encontramos con que en la “Fundación” todos los procesos energéticos giran en torno a la energía atómica. Las naves, las centrales planetarias, los generadores de escudo. Si lo analizamos desde la perspectiva actual, vemos como la energía atómica ha sido denigrada en gran cantidad de países por los problemas que puede acarrear, y que se ha visto desplazada por las energías químicas o renovables aún siendo la nuclear mucho más eficiente y rentable. Ante tal panorama podríamos pensar que Asimov falló, pero nada más lejos de la verdad. De cara a la nueva etapa de exploración y colonización del Sistema Solar en la que se adentra la humanidad, son muchas las voces que apuestan por naves propulsadas por motores de fisión nuclear. De esta manera nos encontramos con que pese a las apariencias Asimov pudo estar mucho más acertado de lo que parece en lo que ha propulsión espacial respecta.


Naves espaciales.

Siguiendo con las naves en la novela se presenta que el método de transporte es el salto al hiperespacio, proceso por el cual el motor de la nave es capaz de manipular tanto el tiempo como el espacio para permitir el viaje espacial. En las distancias que se tratan en la novela, cualquier otro medio de transporte haría imposible que una persona viviera el tiempo suficiente como para viajar desde la periferia galáctica hasta el núcleo. Si bien este medio de transporte pertenece totalmente al género de la ciencia ficción, yo quiero analizar un aspecto que es más fácil de ignorar, la orientación espacial. En la novela se explica la necesidad de conocer la posición de la nave en el espacio, para que al calcular el siguiente salto esta no acabe dentro de una estrella u otro cuerpo celeste. Para conseguir esto utilizan un sistema de referencias basado en establecer la distancia a tres estrellas conocidas, pues una vez que se conoce esto uno puede orientarse en el espacio. Si lo analizamos detenidamente este sistema podría ser perfectamente funcional para una sociedad que se ve obligada a viajar por la inmensidad del espacio. Ante el desafío de cruzar enormes regiones deshabitadas y sin vestigios de actividad humana, las estrellas serían nuestras únicas aliadas. De esta manera, siendo capaces de catalogar la multitud de astros que habitan nuestra galaxia, por ejemplo mediante sus radiaciones y radio, y almacenando esos datos en un registro común a todas las naves, la navegación sería totalmente factible.


Soportes digitales.

Aunque los temas a tratar son una multitud trataré solo uno más por el bien del artículo y la estabilidad mental de los lectores. Este último punto es el referente al soporte digital. En la novela nos encontramos con que los documentos en papel son reliquias del pasado, excepto para determinados casos. De esta manera Asimov imaginó una sociedad donde el volumen de archivos y escritos había pasado a ser digitalizado, pero no en la dirección que finalmente tomó. En la novela aunque todo documento escrito ha pasado por un proceso de digitalización, estos siguen almacenados en medios físicos individuales, cada libro tiene su propia carcasa. De manera que aunque Asimov pudo imaginarse un futuro en el que la comunicación escrita se llevaría a cabo mediante soportes digitales, no pudo imaginar sistemas de almacenamiento tales como los discos duros actuales que permiten almacenar millones de palabras en el espacio equivalente a una moneda. Por lo que debemos reconocer que Isaac, aunque bien encaminado, no fue capaz de vislumbrar totalmente el futuro.


Finalmente, me gustaría reconocer la gran labor de Isaac Asimov tanto como visionario como literato, pues cuando escribió “La fundación” su mente se encontraba 10000 años en el futuro en lugares como Trántor o Términus. Y no solo hemos de reconocer su capacidad para transportarse a esos mundos, sino el poder de hacer que todos los que leemos sus novelas podamos sentirnos también parte de ese gran futuro que depara a la humanidad: el espacio.

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© 2020 por Carolina Corvillo.
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