"Una habitación propia" de Virginia Woolf. 8 de marzo.

En este día me resulta inevitable volver mi mirada a Virginia Woolf y a su maravilloso ensayo "Una habitación propia", en el que habla de autores incandescentes (aquellos cuyas obras han sido traídas al mundo sin las marcas de rencores y frustraciones personales) y defiende la tesis de que una mujer, para poder escribir, necesita dinero y una habitación propia, algo cuya conjugación da como resultado la deseada y a veces poco valorada libertad individual.


Virginia Woolf escribe con brillantez y claridad sobre el papel de las mujeres en las letras, con espíritu crítico, sin concesiones piadosas o vendas autoimpuestas e interesadas, y, sobre todo, sin dejarse cegar por la acritud. Estamos hablando de un texto publicado en 1929 de una frescura y una actualidad arrolladoras. Diría que prácticamente desprende un halo de vaticinio. Woolf no habla en términos de víctimas y verdugos, sino de circunstancias, hechos y responsabilidad. No elabora verborrea pseudopoética, sino que disecciona y analiza hechos tangibles, concretos, que en muchas ocasiones pueden no gustar a un lector que busque la muy ansiada palmadita de confirmación moral en la espalda.


Y a la pregunta de por qué no ha habido aún ninguna genio semejante a Shakespeare, habla de una senda que por fin puede ser recorrida: con dinero, una habitación propia, y talento, y fuerza para resistir la indiferencia que todo autor joven (hombre o mujer) sufre en sus comienzos en un mundo en el que hasta los ladridos de los perros parecen conjurarse para que una obra no pueda salir intacta de la mente del que se ha propuesto crear. Sus palabras me hacen pensar en que el autor se forja en la adversidad, no en una ampliación de su segura habitación (como podría decir Paglia), porque dicha ampliación no existe y no es cuestión de "soñarlo fuerte". Los límites se designan y tienen funciones muy concretas en relación a la conexión con la realidad. El exterior es una batalla ardua que hay que librar a diario, el interior (nuestros cuartos), es el lugar seguro donde tiene lugar la batalla con nosotros mismos, la interna, la que se resuelve pensando, creando, escribiendo y, en el mejor de los casos, siendo capaces de transmitir lo vivido en el exterior con precisión, claridad y fuerza dramática:


"Ahora bien, el escritor, creo yo, tiene más oportunidad que la demás gente de vivir en presencia de esta realidad. A él le corresponde encontrarla, recogerla y comunicárnosla al resto de la Humanidad. Esto es, en todo caso, lo que infiero al leer El Rey Lear, Emma o En busca del tiempo perdido. Porque la lectura de estos libros parece, curiosamente, operar nuestros sentidos de cataratas; después de leerlos vemos con más intensidad; el mundo parece haberse despojado del velo que lo cubría y haber cobrado una vida más intensa. Éstas son las personas envidiables que viven enemistadas con la irrealidad; y éstas son las personas dignas de compasión, que son golpeadas en la cabeza por lo que es hecho con ignorancia o despreocupación. De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida, al parecer, estimulante, os sea o no os sea posible comunicarla". Virginia Woolf. Una habitación propia.


Hay mucho más que decir de "Una habitación propia", pero es tan corto y contundente que desde aquí os animo a leerlo entero, con la mente abierta y dispuestos a mirarle a los ojos a través de sus letras a una autora que tiene menos lectores reales que personas que dicen haberla leído (al menos esa es mi impresión). Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para empezar a hacerlo.


Por mi parte, en este día, que en realidad también es tan bueno como cualquier otro, doy las gracias a todas las mujeres y todos los hombres que a lo largo de la historia han facilitado, consciente o inconscientemente, por su trabajo y mentes despiertas, un sistema en el que una mujer de 30 años como yo (y millones más) tiene dinero y una habitación propia para poder escribir.


Gracias a las mujeres de las que me estoy rodeando artísticamente este año: Patri, Bebe, Nuria, Raquel, Sara; valientes, emprendedoras, con el teatro corriendo por sus venas.


Gracias a los dibujantes (Eduardo, Roberto, Rubén) que han dado forma, con estilo, fuerza, sensualidad y sensibilidad, a mis personajes femeninos. Espero que juntos logremos el éxito en nuestras gestas.


"Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos— y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debería limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado". Virginia Woolf. Una habitación propia.


Comparto para la ocasión un maravilloso dibujo de mi colaborador Eduardo Gutiérrez García para uno de nuestros proyectos de cómic. La bella e inteligente Juliette os desea un feliz día Internacional de la Mujer Trabajadora.






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© 2020 por Carolina Corvillo.
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