"Dentro" o la censura de Facebook. Aviso del editor de "Justine o los infortunios de


Me he desvirgado. Tarde, pero al fin lo he hecho. Por primera vez en toda mi existencia en redes, Facebook me ha informado amablemente de que elimine el contenido poco apropiado de mi página, o de lo contrario se verán obligados a eliminarla. La página en cuestión es el sitio desde el que promocionamos y actualizamos toda la información de "Dentro", dirigido por Facundo Tosso y escrito por mí, cuyo estreno en la Academia de Cine es inminente (29/06/18).


"Dentro" es la historia de un escultor que, atormentado por su pasado, establece una conexión profunda y peligrosa con una de sus modelos. Entre el material promocional se encontraba, por un lado, una fotografía del personaje de Mónica, posando desnuda, y por otro un trailer en el que aparece una escena sexual no explícita, unos pechos cubiertos por yeso (o más bien un material que parece yeso, que todo tiene su truco y cartón), y las nalgas de la bellísima Carolina Clemente, actriz que encarna a Mónica. Todo con un tono elegante, artístico, en absoluto pornográfico y, dicho sea de paso, totalmente ficticio. Vean y juzguen.


Pero no nos pongamos melodramáticos. Su casa, sus normas. Estábamos al tanto de la política de pezones (por ello los habíamos desenfocado para colgar el material), pero no de la de culos. Pero aprendemos rápido. Hemos ocultado temporalmente la página para hacer los cambios pertinentes. Fuera foto, fuera trailer. Gracias, Facebook, por proteger a tus usuarios de las manifestaciones artísticas, del cine, la ficción. Los niños y adolescentes que en un acceso de locura (que todo puede suceder) dejen sus cuentas de Instagram y se abran una en el libro de caras y que, casualidades de la vida, se topen en su búsqueda incesante de cortometrajes independientes con una página de semejante influencia mediática como "Dentro" (seiscientos likes y creciendo, ojo), están ahora más seguros.


Pero, en fin, este post no es un post de autocompasión, tampoco es una burda treta para llamar la atención sobre el corto (bueno, a lo mejor un poco sí). Os juro que llevaba muchísimo tiempo buscando una excusa para compartir la advertencia del editor de "Justine o los infortunios de la virtud", la conocidísima obra del divino marqués. Por un lado, me maravilla por su actualidad conceptual en respuesta al neopuritanismo que nos inunda a través de internet (sin ir más lejos, las oleadas de críticas a "Handmaid's Tale" por el recrudecimiento de la violencia contra los personajes femeninos en la segunda temporada). Por otro lado, me hace pensar que, bueno, dentro de lo que cabe, nosotros, escritores, directores, blogueros y artistas de toda índole, no lo tenemos tan mal en realidad.

Estoy yo aquí quejándome cual plañidera mientras en la Francia del siglo XVIII editores y escritores de prosa corrosiva eran multados, perseguidos, encarcelados o recluidos en asilos. Donatien Alphonse François de Sade fue perseguido y mantenido en manicomios (durante más de la mitad de su vida) por la monarquía, la República y el Imperio. No había institución autoritaria que se le resistiera cuando se trataba de hacerle pagar por las orgías salvajes y asesinatos perpetrados por Juliette, las penurias, violaciones y torturas soportadas por Justine o los deseos de matricidio de Eugene, jovencita pervertida por los hermanos incestuosos Dolmancé y Madame Saint-Ange en la inolvidable "Filosofía en el tocador". Vale, puede que también hubiera unos cuantos escándalos sexuales con prostitutas y afrodisíacos con efecto laxante de por medio. Pero es más que evidente que sus palabras eran consideradas espadas y que sudó sangre por ellas. Aunque, bien pensado, tampoco hace falta irnos al s.XVIII. Tenemos a Raif Badawi en Arabia Saudi, condenado a diez años y mil latigazos en el año 2014 por expresar sus opiniones en un blog y que, por el momento, ha recibido cincuenta de esos latigazos y continúa encarcelado.


Sin más dilación, dejo copiado íntegramente dejo el aviso del editor de "Justine o los infortunios de la virtud".


Antaño, para suscitar el interés de sus lectores, nuestros antepasados se servían de magos, genios malos y otros personajes fabulosos, a los que se consideraban en el derecho de atribuir todos los vicios que exigía la buena marcha de sus novelas. Pero dado que, desgraciadamente para la humanidad, hay una clase de hombres en quienes la peligrosa afición al libertinaje determina crímenes tan atroces como los que pintaban los antiguos escritores para ensombrecer imaginariamente a sus ogros y gigantes, ¿por qué no preferir la realidad a la fábula? ¿Sería lógico negarse a obtener los más bellos efectos dramáticos por temor a explotar esa cantera? ¿Tiene alguna razón de ser ese miedo a revelar unos delitos que parecen hechos para quedar siempre ocultos?... Lamentablemente, ya nadie los ignora. Las ayas se los cuentan a los niños. Las mujeres de la calle los utilizan para excitar la imaginación de sus clientes. E incluso, con una imprudencia culpable, los magistrados se atreven a mandar con ellos los anales de Temis en nombre de un más que dudoso amor por el orden... Si esto es así, ¿quién sería capaz de coartar al novelista? ¿Acaso no están a su disposición todos los vicios y crímenes inimaginables? ¿No tiene derecho a exponerlos íntegramente, para obligar a los hombres a detestarlos? ¡Pobres aquellos a quienes las escenas que aparecen en "Justine" logren corromper! Pero que no se nos acuse por ello. Aunque hubiéramos tomado otro camino, a ellos no les habría servido de nada, porque la verdad es que hay determinados individuos a los que la misma virtud les produce el efecto de un veneno.



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