El amante de Lady Frankenstein, de Hernán Migoya y Patricia Breccia.

«Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti». Más allá del bien y el mal. Friedrich Nietzsche


El amante de Lady Frankenstein, escrito por Hernán Migoya y dibujado por Patricia Breccia, es un cómic que no solo rebasa los límites más obscenos de la impudicia sino que arroja a través de una narrativa que solo migoyiana puede ser una reflexión acerca de la relación del individuo con lo otro, el erotismo y la necesidad, la dialéctica del amo y el esclavo... y el amor, sobre todo el amor, esa dimensión monstruosa y sublime que va más allá del "fueron felices para siempre", el "ni contigo ni sin ti" o el "si tú me dices ven lo dejo todo"...


Felicidad o vanidad, existencia auténtica o inauténtica, vida o muerte, ser o no ser (¿o dejar de ser para ser?)... ¿Cuántas veces está dispuesto uno a morir para asimilarse a la esencia de lo amado? ¿Es entregarse al amor perderse a uno mismo o salvarse de la turba homogeneizante? O, tal vez, ambas cosas. ¿Es siempre bueno aquello en lo que nos convertimos por amor? ¿Yo soy yo y mi circunstancia o soy verdaderamente yo cuando me alieno de ella? Y, por último... ¿dónde dormitan los verdaderos monstruos?


Migoya nos ofrece un relato crudo, gore, divertido y existencialista sobre alteridad, metamorfosis y romanticismo, aderezado con altas dosis de incorrección política de la buena; una historia en la que todas estas cuestiones emergen, en carne viva, para plantear al lector una desgarradora y brutal visión de las interioridades humanas más incómodas; una narración con dientes y garras, no solo por su contenido explícito.


En resumen y sin afán de desvelar demasiado, El amante de Lady Frankenstein es una delicia escatológica y poética (a nivel gráfico y conceptual) para los sentidos. Sus autores, a modo de Victor Frankenstein, han conformado a través de la conjunción de sus personalísimos estilos un nuevo ser monstruoso y bello a partes iguales. La mezcla corrosiva entre los clásicos El amante de Lady Chatterley (D.H. Lawrence) y Frankenstein o el moderno Prometeo (Mary Shelley) ha dado como resultado una criatura excepcional y viva, terrorífica y genuinamente viva.


Gracias, Hernán y Patricia, por traernos a las estanterías esta maravilla.




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