Sobre la Navidad

No está el horno para desaprovechar un momento de celebración colectiva de los vínculos afectivos familiares (y en ocasiones no familiares) . Dado que somos seres efímeros, cíclicos, que interpretan los hechos vitales a través de una identificación íntima con los procesos estacionales, me parece bello que, sea mentira o no, se celebre la próxima muerte del año (vaya año, pero qué os voy a contar que no sepáis), con un nacimiento. Creo que la función del mito no es imponer la fecha en la que tenemos que sucumbir a las compras compulsivas (de eso ya se encargan los elfos de El Corte Inglés), sino canalizar a través de imágenes reconocibles (familiarmente extrañas y extrañamente familiares) el sentimiento de identificación colectiva que el ser humano necesita para su supervivencia emocional. Y, bueno, a nivel personal he de decir que me alegro de que exista la escena de la Natividad. Es muy divertido ver las diversas profanaciones que mis gatos perpetran durante la noche en el Belén.

Gozo, alegría y abundancia conviven en esta época con la sensación de tristeza, frustración, desencanto y soledad, generada a veces por la disonancia entre nuestro estado de ánimo y lo que se supone que "debemos" sentir a causa de la presión colectiva. La rebeldía también tiene hueco. ¿Hay algo más navideño que escuchar un "feliz falsedad" a aquel que el día 31 se atraganta con las uvas? De todas maneras, la intensificación del sentimiento de amargura no tiene por qué ser mala, puede que dé alguna pista sobre lo que tenemos que cambiar de nosotros mismos y/o de nuestra relación con los demás de cara al año que empieza (o para liberarse momentáneamente y luego volver a morderse la lengua hasta el próximo diciembre).


El aciago demiurgo anda más ocupado en estas fechas del año que los Reyes Magos y Papá Noel juntos. No hay emoción que no quede purgada en los últimos estertores del año. La Navidad está hecha a medida de todos. Para los que aman los compromisos familiares es una gozada, para los que no los aguantan pero no pueden rebelarse, una bendición (¿qué son dos días al año, salvo que haya alguna boda, bautizo o comunión?), para los rebeldes con o sin causa, la excusa ideal para reafirmarse.


Como todos los días no pueden ser fiesta y para celebraciones funestas ya tenemos los crudos acontecimientos del día a día, no me queda más remedio que desearos a todos unas felices y prudentes navidades.





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