El sueño del sexo produce monstruos

El sexo es un campo en el que se cristaliza quiénes somos cuando no hay máscaras, cómo nos comportamos respecto al deseo, respecto al otro, respecto a nosotros mismos. Es el canal al que van a parar frustraciones y anhelos. Las fantasías revelan mucho de nosotros mismos, tanto la aceptación como el rechazo de ellas. El sexo es el terreno en el que la violencia se doma, donde la confrontación es convertida en catarsis y juego o, en el caso de alimentar rencor y represión, donde el juego se convierte en una realidad perversa que se cobra siempre a la víctima equivocada. Las películas "La venus de las pieles", "Quills", "La pasión de China Blue", "Un método peligroso", "Mandingo", "Drum", "Ragtime", "Belle de jour" tratan este tema de una forma magistral.



El sexo engendra muchos demonios todavía. He llegado a escuchar afirmaciones del tipo "Me gusta Juego de Tronos a pesar del sexo", "No puedes confundir catarsis con esas prácticas asquerosas que deberían quedar en la intimidad", "Algunas posturas sexuales son humillantes para la mujer y no deberían mostrarse en la pantalla", sorprendentemente por parte de hombres y mujeres jóvenes con estudios universitarios y tendencias progresistas. Considero que el sexo de Juego de Tronos está dramáticamente bien administrado y que, sin él, Juego de Tronos sería otro tipo de historia; que la ficción sirve precisamente para explorar la intimidad y que no mostrar ciertas posturas en pantalla es totalmente absurdo porque la situación humillante se genera por el contexto, no por la postura en sí, y, aún así, en ocasiones es necesario recurrir a este tipo de situaciones humillantes si la historia lo requiere.


Se critica también mucho, por otro lado, el sexo gratuito en la ficción. Personalmente, el sexo gratuito no me agrada, pero no es culpa del sexo en sí. En general, lo gratuito, lo que no tiene que ver con el desarrollo de la historia, me aburre. Es cuestión de drama, no de sexo. Aunque, puestos a elegir, prefiero una secuencia de sexo gratuito a una secuencia de tomar el té gratuita o de diálogos gastados y sin brillo. No son pocas las series y películas en las que se tacha de gratuitas escenas sexuales que tienen su por qué en el desarrollo de la acción. Y, obviamente, en muchos casos no se trata de un problema con lo gratuito. Recuerdo la primera vez que oí hablar de la serie "Roma". Una profesora de latín hacía un mohín de desaprobación. Lo primero que remarcaba era que había demasiado sexo. Bastante tiempo después la serie llegó a mis manos y me pareció una maravilla en todos los aspectos: inteligente, visceral, cruda, arriesgada, y no precisamente "a pesar del sexo".


No se me ocurre una mejor presentación del personaje de Marco Antonio que la que se plasma en la serie. Después de la larga contienda en la que Vercingetorix había sido derrotado, el honorable general Marco Antonio desahoga su ansia libidinosa con una pastora rodeada de sus ovejas. En Roma puede tener a la mujer que quiera, pero elige a esta y la monta casi como si de un animal se tratara, a cuatro patas, delante de sus hombres y al amparo del estandarte. Aquí vemos que Marco Antonio puede ser grande por sus proezas, pero tiene un espíritu vulgar, un espíritu vulgar que, no obstante, será domado por la reina de reinas, Cleopatra VII. Por otro lado tenemos a Atia, sobrina de Julio César, que en su secuencia de presentación tiene sexo con un hombre de inferior estatus social para conseguir dos caballos sementales. Ella está en la posición de amazona. Cuando, tras el clímax, deja al descubierto sus intenciones y el hombre afirma que no sabe cómo no se lo había imaginado antes, ella le consuela diciendo "No ha estado tan mal. Siempre encuentro algo perversamente erótico en los hombres vulgares". En esta escena vemos que ella, dueña de su cuerpo y de su placer, es la que ordena y dispone a su antojo, sin ser consciente de que, irónicamente, un hombre de espíritu vulgar, Marco Antonio, destrozará su corazón más adelante. También está la secuencia en la que el soldado Lucio Voreno tiene sexo con su esposa después de haber estado ocho años sin verla a causa de la guerra de las Galias. Algo se ha roto durante el tiempo en el que han estado separados, no existe comunicación y ella ya no le ama. La escena de su primera unión sexual tras el largo tiempo de espera condensa perfectamente todo esto. Podría seguir un rato poniendo ejemplos de por qué el sexo en Roma no es gratuito, pero me parece que estos tres son suficientemente esclarecedores. Es más, diría que en la serie Roma las escenas de sexo están estudiadas y estructuradas al milímetro.


No olvidaré la vez en que estaba mostrando Djinn, una de mis series de cómic preferidas, y mi interlocutor enseguida esbozó una sonrisa tras la cual dijo "Pero este cómic es un poco guarro, eh", dando por finiquitado su interés en lo que le estaba contando. Es cierto que actualmente vivimos el sexo de una manera más libre, hay menos trabas sociales y algunos tabúes han desaparecido, pero hay algo que sigue perturbando la mente de varios sectores de la sociedad y que parece acusarse más desde que la histeria por lo políticamente correcto se extiende sin prisa pero sin pausa. ¿Miedo, prejuicios, rencor, ansias ocultas de autoritarismo? El sexo mueve y paraliza al mismo tiempo, genera confusión en algunos y claridad en otros. Parece haber una necesidad imperiosa desde tiempos inmemoriales por regularlo, controlarlo, reducirlo y culpabilizarlo. El sueño del sexo produce monstruos y no pocos.


No quiero extenderme más en este asunto por ahora, sólo quería lanzar algunos interrogantes e impresiones. Estoy abierta a aportaciones y reflexiones al respecto. Me interesa mucho conocer el punto de vista de otras personas.



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© 2020 por Carolina Corvillo.
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