Wonderwoman y Virginia Woolf. Sobre la polémica del pase exclusivo para mujeres en Texas.

"La superheroína más icónica de la historia de los cómics tiene por fin su propia película, ¿y qué mejor manera de celebrarlo que con una proyección sólo para mujeres? Lo sentimos, caballeros, pero vamos a abrazar nuestro poder femenino y decir "No se permiten tíos" por una noche especial".

Alamo Drafthouse


Eso reza el comunicado de la web de Alamo Drafthouse. Un cine de Texas anunciando un pase exclusivo de Wonderwoman para el 6 de junio. Mi primera reacción es rechazo. ¿Pases sólo para mujeres? ¿Qué sucedería si pasara a la inversa? Pases sólo para hombres para ver el Capitán América. Luego está internet. Lucha enfurecida en la que se plasman sin procesamiento alguno las reacciones más viscerales del público, entre algunas voces que llaman a la calma. "Eso es sexismo", "Eso está mal", "Luego quieren puestos de responsabilidad", "No se quejan sin embargo cuando pasan gratis a las discotecas", saltan algunos hombres. Respuesta de algunas autoproclamadas feministas: "Es positivo. Se nos lleva marginando toda la vida" "Es una inclusión del colectivo de las mujeres en la lucha por la conquista de ámbitos típicamente masculinos", "Ah y ese capullo que ha dicho lo de las discotecas. Eso forma parte de la objetificación de la que es víctima la mujer", "Los espacios no mixtos liberan a la mujer porque puede vestirse como quiera y comportarse como le da la gana". Sin comentarios. Excepto, tal vez, apuntar con cierta inquietud que algunas de las actitudes supuestamente feministas que se están normalizando en las redes sociales se acercan más a un neopuritanismo inspirado en la liga de la Ley y el Orden de la "Diligencia" de Ford que a una postura verdaderamente progresista en lo moral.


El cine en Texas agotó las entradas y debido al éxito de la campaña organizó dos pases más. Dos cines en Nueva York copiarán la misma estrategia y también ha cundido el ejemplo en los Ángeles: "No se permiten tíos". Tras un tiempo de reflexión, consigo posicionarme. ¿Cuántos cines hay en Estados Unidos? ¿Cuántos cines hay en el mundo? ¿Cuántos pases de esas características se organizarán en comparación a los miles de pases que se organizan a diario? Como mujer, si se convocara un pase exclusivo para mi género en un cine de mi ciudad, no acudiría a tal llamada. No existe imposición estatal, no es una norma, sino una decisión puntual de un negocio que lo ha considerado apropiado dadas las características de la película (al igual que lo consideró apropiado a la hora de hacer pases exclusivos de otras películas para veteranos de guerra, padres solteros, personas de la tercera edad...). Es tan fácil como no comprar una entrada. Aunque he de decir que no está nada mal que los beneficios vayan a otorgárselos a una ONG de planificación familiar que ayuda a mujeres embarazadas con dificultades económicas y da charlas sobre seguridad sexual.



Un aviso, este artículo no va de negar el machismo. He vivido y visto situaciones de machismo, como todo el mundo (incluso la gente a la que le gusta negar el machismo), proveniente de hombres como de mujeres y perpetrados contra hombres y mujeres. Por otro lado, hay grandes hombres en mi vida. También grandes mujeres, así como mujeres nefastas (aquí alguno diría que son mujeres alienadas y víctimas del heteropatriarcado, por tanto, mujeres sin culpa, aunque desde que la Bella de Emma Watson se ha convertido en un icono feminista en la cultura pop los maltratadores y secuestradores, si tienen un pasado difícil, tampoco tienen culpa). No me olvido tampoco de una selección nada despreciable de hombres que, declarándose más feministas que yo, tienen una actitud completamente insana en sus relaciones con las mujeres. Supongo que acogerse a un dogma político que ha retorcido y estrujado ciertos conceptos hasta hacerlos completamente ininteligibles, evita muchos quebraderos de cabeza a nivel personal. El dogma politizado es el mejor cemento para cubrir las neurosis. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y la segunda, y la tercera. Pero volvemos al hipotético cine en mi ciudad que anuncia un pase sólo para mujeres. No me interesa una noche con tíos fuera. Al menos para ver Wonderwoman. Además, si fuera a ver esa película, probablemente sería acompañada de uno de ellos. Vamos a otro cine. Ya está. Trauma superado.


¿A qué viene intentar convertir este gesto en símbolo del feminismo o, por el contrario, en símbolo de los estragos que supuestamente causa cierta clase de feminismo? No estamos, ni de lejos, ante un caso como el de Susan B Anthony, por poner un ejemplo, detenida y multada por emitir un voto ilegal en las elecciones presidenciales de 1872, dejándome en el tintero cuantiosos hechos históricos en los que la acción femenina ha resultado crucial para favorecer la lucha por los derechos de la mujer. Por otro lado, viendo el cariz que cobran algunas proclamaciones y sentencias, estoy cansada de que, como mujer, un montón de gente se endose el título divino de hablar en mi nombre, incluidas las mujeres. Hace poco leí en un blog a una chica portuguesa que decía que había tomado la decisión de dejar de depilarse para luchar por todas las mujeres. Por mí, aunque yo no lo sepa, aunque yo escriba estas líneas "por ser una inconsciente víctima del machismo". Editoriales y revistas que sólo publican a mujeres para darle voz a la mujer. "A la mujer". Como si las mujeres sólo tuvieran una voz. Editoriales cuya labor respeto, pero en las que no tengo demasiado interés. Para mí, el hecho de que me lean únicamente por ser mujer, es irrelevante. Todo lo que hago a nivel creativo y profesional lo hago en interés propio, no en interés de mi género y creo que, aunque pueda parecer paradójico, es lo mejor que puedo hacer para defender el interés de mi género.


Hay casos como el cómic basado en el libro de relatos "Todas putas", de Hernán Migoya, en el que el hecho de que todas las dibujantes sean mujeres es un reclamo porque "Todas putas" fue utilizado para intentar defenestrar injustificadamente al autor y a una mujer, Miriam Tey, editora de la obra y posteriormente directora del instituto de la Mujer, que, pese a la fuerte presión que se ejerció sobre ella, nunca se arrepintió de la elección tomada con la obra de Migoya. En situaciones así veo entendible, ventajosa y necesaria la elección de mujeres con un talento desbordante para la adaptación de estos cuentos.


"Una mujer escribiendo es como un perro andando sobre sus patas traseras. Es sorprendente que lo haga, pero lo hace mal". La única forma de luchar contra el poso de pensamientos semejantes es aceptar que hay que competir. Con hombres y mujeres, es decir, con individuos. Al mismo nivel. Que la actriz, cantante y productora china Fan Bingbing, miembro del jurado en Cannes tenga que aclarar que Soffia Coppola ha ganado este año su premio a mejor dirección por la excelencia de su película y no por ser mujer es un claro indicativo de la confusión mediática monumental respecto a temas así.


"Es un problema grave, necesitamos más directoras", opina la actriz, directora y cantante Agnès Jaoui, tras los resultados en Cannes, en cuyo palmarés se encuentran cuatro mujeres, pero ninguna se ha llevado el gran premio. Sí, por supuesto que sería interesante tener más voces femeninas en dirección. Las mujeres llevan muchos años cohibidas y retenidas por una moral machista, de la que todavía hay remanentes visibles e invisibles. Pero que no nos den gato por liebre. La discriminación positiva no me parece, desde luego, la mejor opción para afrontar este hecho. Hay gente a la que le conviene, por distintos motivos, tratarnos como a eternas tullidas: mejor débiles que mejores.


Vuelvo a la eterna lectura "Una habitación propia" de Virginia Woolf. En líneas muy generales, para escribir, una mujer necesita una habitación propia y dinero: es decir, disponer de su intimidad y privacidad y poder sustentarse económicamente: "Era una persona corriente: una vieja señora con un chal de cuadros abrochado con un gran camafeo;(...). Ahora bien, si hubiera montado un negocio, si se hubiera convertido en fabricante de seda o magnate de la Bolsa, si hubiera dejado dos o trescientas mil libras a Fernham, aquella noche hubiéramos podido estar sentadas confortablemente y el tema de nuestra charla quizás hubiera sido arqueología, botánica, antropología, física, la naturaleza del átomo, matemáticas, astronomía, relatividad o geografía". Virginia Woolf en los tiempos que corren habría sido tachada de neoliberal. Con todos los "peros" que aún hay, la sociedad occidental nunca ha provisto de mejores herramientas para que una mujer talentosa destaque en un ámbito creativo o de élite. Hay que superar la herencia cultural sexista para paliar ese complejo de inferioridad que todavía pende sobre algunas mujeres y aceptar la diversidad entre las propias mujeres (ni todas las mujeres serán genios, ni todas las mujeres serán amas de casa); hay que identificar a los voceros y voceras impostores, los proclamadores de las brujas de Salem, y aprender que el ruido que hacen estos últimos no es más que ruido. Pero los medios materiales e intelectuales existen. Por fin. Y este hecho no es debido a que haya un pase exclusivo para mujeres en un cine de Texas para ver Wonderwoman. Tampoco la existencia de un pase así empaña esta condición ni significa que estemos sumidos en la época oscura del "hembrismo". No se trata de negar problemas, se trata de darle a cada hecho la magnitud que merece.


Hombres y mujeres, pueden ponerse los cascos frente a su escritorio y perseguir sus metas ajenos a ese ruido. Como yo misma haré cuando termine de escribir esta entrada.


PD: creo que hacía tiempo que no escribía tantas veces "mujer" en un espacio tan reducido.






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© 2020 por Carolina Corvillo.
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