Relato "Las risas de las hienas"


"Las risas de las hienas" es uno de mis relatos más antiguos. Habla de la infancia, sus pasiones, su intensidad. ¿Son nuestros amigos de la infancia nuestros primeros amores, con todas sus consecuencias? Aunque, más que el primer amor, del que un niño no es consciente porque, en circunstancias más o menos normales, todo le viene dado, me interesa y, de hecho, es el tema que abordo en el relato, la primera pérdida. La primera pérdida es algo similar al atisbo de la muerte. No se trata de un choque frontal con ella, sino de un acercamiento, una aproximación en la que uno ve el fin de las cosas, de lo bello, de lo placentero, de sí mismo, a través de un velo que emborrona todo. Confusión es el primer sentimiento que me viene a la cabeza para describir las primeras ("la primera" sería darle demasiado poder a una sola persona) pérdidas.


Debe haber, desde luego, afortunados que nunca o casi nunca hayan experimentado el rechazo, o que, tal vez, no se hayan dado cuenta. Sin embargo, el resto de los mortales, en mayor o menor medida, llevamos a cuestas una experiencia de abandono. A partir de ahí, un abanico de posibilidades se abre.


"Las risas de las hienas" fue seleccionado en 2011 en el II Certamen literario Ciudad Galdós para su publicación en la antología "Un mar de letras".


"Estaban las dos sentadas en la terraza, mecidas por la luna y acunadas por las titilantes estrellas. El cielo respiraba en completa armonía. Sólo en un ambiente creado por unas palabras tan extremadamente edulcoradas puede comenzar el principio de la catástrofe: la pérdida de amor.


— Ayer te vi patinar con ella — dejó caer Adriana.

— Ah… sí... Pásame la aguja gorda — respondió Sara.

— ¿Por qué no me llamaste a mí?

— Porque tú no sabes patinar.

— Pero tengo patines…. ¡podrías enseñarme!

— No digas tonterías. A ti no te gusta patinar, lo que te molesta es que saliera a patinar con Olga.

— No tienes ni idea. Pero… no sé que tiene ella que…

— Eres infantil.

— Mira, lo que no me parece normal es que después de todo… ya no me llames tanto… Nos lo pasábamos bien, ¿no?

— Sí. Estaba bien. Ahora también lo estamos pasando bien. Dame el hilo rojo, anda.

— Pero no es lo mismo.

— Estamos haciendo lo de siempre.

— ¡No! ¡No es lo mismo! ¡No estamos haciendo lo de siempre y lo sabes! Puede que estemos haciendo lo mismo, pero ya nada es igual"

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Como ya viene siendo costumbre, comparto con vosotros la canción que elegiría como banda sonora para la narración. Esta vez la elegida es la clásica, sencilla e inolvidable "Crazy", compuesta por Willie Nelson y lanzada a la fama por Patsy Cline. Emocionarse con la voz de Patsy es señal inequívoca de que uno ha perdido lo que amaba alguna vez, pero, dado que la cantante detestaba esta canción, pese a ser una de las que impulsó su magnífica y breve carrera (murió en un accidente de avioneta con treinta años), comparto la versión de Willie Nelson, que no tiene nada que envidiarle a la de Cline.

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© 2020 por Carolina Corvillo.
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